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El Universo es una Mandala

Una explosión atómica rompe el silencio de la noche infinita. El polvo cósmico se riega como una mancha luminosa por el paisaje vacío de la eternidad. Vagan por la inmensidad multitudes de estrellas concentrándose y expandiéndose. Nubes de astros giran imantados alrededor de un centro sin nombre. Es el parto del Caos. Las espirales estrelladas se multiplican. Ahora danzan, sumisas, la coreografía de un orden rítmico y perfecto. Acaba de nacer el Universo, un mandala tupido de tipos de mandalas.

El Mandala Responde a un Instinto Restaurador

En realidad, un mandala es un talismán, una forma mágica, es un símbolo que expresa la potencia espiritual de lo incommensurable en nosotros. Todos hemos construido alguna vez en la vida un mandala, tal vez estudiada y conscientemente. Sin embargo, también puede suceder que haya salido de nuestro inconsciente, aleatoriamente, hacia el plano sobre el cual lo hemos materializado.

De hecho, una servilleta rallada con círculos concéntricos de colores; un diseño trazado con un palito sobre la arena húmeda; un arreglo de hojas secas sobre la hierba. Son tipos de mandalas que, por muy casuales que parezcan, obedecen a una imperiosa necesidad interior de expresar algo.

Aunque se trate de una forma abstracta y difícil de nombrar, nos reconocemos en ella como si fuera un espejo que refleja algo que está en el fondo de nosotros mismos. Reconocemos esa experiencia interna que busca una salida, un lugar donde manifestarse, no importa cuán esfímera sea. Todas estas expresiones que buscan conectar nuestro interior con un orden superior y armónioso son tipos de mandalas que, aunque surjan de modo espontáneo y sin aparente razón, responden a un instinto apaciguador y restador del equilibrio interno.